Insuficiencia cardíaca

¿La insuficiencia cardíaca se puede prevenir?

El síndrome de insuficiencia cardíaca es considerado un problema de salud pública tanto en países desarrollados como aquellos en vías de desarrollo.  Panamá no escapa de esta realidad mundial. 

La magnitud del problema se debe principalmente a su alta tasa de morbimortalidad y a sus altos gastos de salud,  relacionados en primera instancia, a su tratamiento en etapas avanzadas y a programas de trasplante cardiaco. 

Así, por ejemplo, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica ha estimado que para el año 2030, su gasto anual relacionado a insuficiencia cardiaca alcanzará los 160 millones de dólares.  En Reino Unido, se ha estimado que el 2% del presupuesto del Servicio Nacional de Salud, corresponde a los costos relacionado a insuficiencia cardiaca. 

Latinoamérica es una región heterogénea con países desarrollados y no desarrollados con factores de riesgo particulares para el desarrollo de insuficiencia cardiaca: hipertensión arterial, fiebre reumática y enfermedad de Chagas. El escenario socioeconómico desigual en Latinoamérica invita a tomar medidas de prevención y de tratamiento racional acordes a la realidad de nuestros pueblos. 

Su concepto se define como un síndrome clínico complejo, secundario a alteraciones en la estructura o función cardíaca que deterioran la capacidad del corazón de llenarse de sangre durante la diástole o bombear la sangre al resto del organismo durante la sístole. De ahí que exista insuficiencia cardíaca con función sistólica preservada con función sistólica disminuida.  

Según la teoría neurohormonal de Milton Packer, la insuficiencia cardiaca progresa porque sistemas neurohormonales activados por la injuria inicial al corazón ejercen  efecto perjudicial sobre la circulación. Este efecto se presenta porque la activación neurohormonal incrementa las anormalidades hemodinámicas de la insuficiencia cardiaca o porque tal activación ejerce un efecto tóxico directo sobre el miocardio.

Su clasificación funcional fue desarrollada por la New York Heart Association en 1964. Este sistema de puntuación, que ha perdurado en el tiempo, documenta la severidad de los síntomas del paciente basado en actividades de la vida cotidiana.

La insuficiencia cardiaca se asocia con una significativa reducción de la actividad física y mental de forma progresiva, resultando en una calidad de vida notablemente disminuida y que en muchas ocasiones decae de manera abrupta por hospitalizaciones secundarias a episodios de descompensación agudos de la enfermedad (FIGURA 1).

La principal causa de insuficiencia cardiaca en el mundo y en nuestro país es la enfermedad coronaria. En nuestro medio, no es despreciable el número de personas portadoras de insuficiencia cardiaca secundaria a hipertensión arterial de larga evolución, a patologías valvulares por enfermedad reumática del corazón y a malformaciones cardiovasculares de origen congénito no tratadas oportunamente en la infancia. 

¿Es posible prevenirla? Pues, efectivamente, sí se puede prevenir. La principal medida de prevención es la educación del paciente en reconocer sus factores de riesgo cardiovascular y adoptar estilos de vida saludable. Es por ello que, todo paciente con factores de riesgo cardiovascular debe contar con la asesoría de su médico de atención primaria, quien además, de manera oportuna, coordinará su evaluación especializada si existiesen síntomas o signos.

Los objetivos del tratamiento son principalmente disminuir los síntomas y las hospitalizaciones; mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida; y, prolongar la supervivencia de los pacientes. Las guías de manejo actuales describen medidas no farmacológicas basadas en dieta y actividad física; y medidas farmacológicas basadas en la teoría neurohormonal para cumplir estos objetivos de tratamiento.

Posiblemente, el trasplante cardiaco es la última alternativa terapéutica cuando la insuficiencia cardiaca se encuentra en fase terminal.  Sin embargo, no todos los pacientes pueden ser trasplantados. A nivel mundial existe un marcado desbalance del binomio donante-receptor principalmente por escasez de donantes; además, el seguimiento post-trasplante requiere de personal altamente calificado. 

En los últimos años, ha sido una tendencia mundial el desarrollo de clínicas de insuficiencia cardiaca para el manejo multidisciplinario basado en guías terapéuticas tanto para el paciente ambulatorio como el paciente hospitalizado. 

Múltiples estudios clínicos han demostrado reducción significativa de hospitalizaciones por causa cardíaca y no cardíaca con la implementación de clínicas de insuficiencia cardíaca, lo cual representa una reducción de los gastos de salud relacionados a insuficiencia cardíaca.

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